"Bastardamente bastardo" artículo del juez Joaquín Navarro Estevan sobre la situación de Pepe Rei, publicado en LA RAZÓN el 25 de enero de 2001.


      Bastardamente bastardo

      Joaquín NAVARRO

      Toda prisión sin juicio ofende al sentimiento común de la justicia. Es fatalmente una acto de fuerza y arbitrio. No existe ninguna resolución judicial que suscite tanta inseguridad y socave en tan gran medida la confianza en el Derecho como el encarcelamiento de un ciudadano sin proceso. Decía Hobbes que la prisión provisional es un acto hostil contra el ciudadano y, «si va más allá de lo necesario para asegurar su custodia, va contra la ley de la naturaleza». Entonces, el juez instructor se convierte en tribunal de justicia que, sin juicio alguno, anticipa la pena, utilizando el Derecho como instrumento de venganza o exhibición de poder. Entonces, la prisión es, al mismo tiempo, una pena, una medida de extorsión, una iniquidad y la más radical negación de la presunción de inocencia. Esto es así en general. Pero si, encima, el instructor no es el juez del lugar, sino un juez lejano integrado en una estructura centralizada, intensamente permeable a intereses extrajurídicos y presiones políticas e institucionales (simbolizadas hasta la eternidad por la concesión de la cruz pensionada de plata al mérito policial), las cosas se ponen «de muy malamente». Cuando la política entra por la puerta de un juzgado, la justicia sale por la ventana. Defenestrada la justicia y entronizada la oportunidad y la conveniencia, la «salus rei publicae» o, simplemente, la razón de Estado, el Derecho nada tiene que ver con ese proceso aberrante. Es terrible que ese juez lejano y dependiente carezca de la más mínima imparcialidad. Nadie debe ser árbitro si para él resulta un mayor provecho, material o espiritual, de la victoria de una parte que de la otra. El juez instructor debe carecer de cualquier interés personal respecto a los intereses en conflicto. Debe ser indiferente ante los mismos, un investigador indiferente de la verdad.

      Nadie puede ser juez o árbitro en su propia causa o en la causa donde el instructor ha manifestado una notoria hostilidad contra el procesado. Todo ello ocurre con el juez Garzón respecto a muchos procesados o investigados por él. Su hagiografía urbanita ha patentizado parcialidades, obsesiones y hostilidades de toda laya. En especial, contra Pepe Rei. Al resolver el recurso de éste contra su procesamiento -recurso que resolvió a los diez meses de interpuesto cuando la ley le ordenaba hacerlo en tres días- Garzón declaró paladinamente que no sólo se mantenían las causas del procesamiento sino que habían aumentado, pues Rei había vuelto a delinquir en varias ocasiones. ¿Dónde estaban las denuncias, los procesos o las condenas? Cuando se conoció el atentado fallido contra una pareja de periodistas, Garzón aseguró «urbi et orbi» que bastaría con que cualquier parte acusadora le solicitase la prisión de Pepe Rei para acordar su encarcelamiento. Reprodujo en su hagiografía una carta íntima remitida por Rei a una reclusa e intervenida en nombre de interés público. La publicó en interés privado y a su mayor honra y gloria. Encima, Pepe Rei publicó recientemente un libro hipercrítico contra Garzón cuyo título es «Garzón, la otra cara». Citado Pepe Rei por el juez Del Olmo para que declarase sobre la más que improbable relación de causalidad entre sus críticas periodísticas a determinados personajes públicos y los indignos atentados de Eta contra algunos de ellos, nuestro supermán se anticipa en horas venticuatro y ordena su prisión con el pretexto, harto peregrino, contrario al dictamen del Fiscal y a la petición de algunos denunciantes, de que le corresponde a él -y no a Del Olmo- la competencia. Garzón no podía permitir que nadie se interpusiese, temerario, en su carrera. Este es el juez imparcial, objetivo y honesto que exige la ley y precisan los ciudadanos. Pero si es escandaloso que no se abstenga, también lo es que la defensa de Pepe Rei lo deje «exánime y desangrado» desde luego inerme, ante su enemigo. ¿Intereses políticos contrapuestos que coinciden en la «necesaria» crueldad de que Pepe Rei permanezca en la carcel? Bastardamente bastardo.


      egin closed home